UNA VIDA DE ÉLITE (III)

(Declaración de amor propio)

No sientas vergüenza por mi presencia rota, 

que ni yo misma, 

aún no faltando motivos, 

no sufro merecido ningún pudor.
Aleja de mí 

disimulados esos ojos compasivos,

cruza más allá de tan sólo una triste fachada

defectuoso envoltorio inocuo,

que nada significativo tiene que decir de mí.
Intenta sólo que no perciba tu miedo,

detrás de ésta máscara

ni siquiera se ha planteado

que un maravilloso universo late

de vibrante vida y sentir.
Sarcástico el porvenir inesperado.

Inhóspita la reacción manifestada.

Harta de la intolerancia patente, 

que los ajenos con grado ignoro, por sus propias ausencias, irradian.

mis37